Fat and soft, pink and weak
Hay un mosquito aplastado contra mi pantalla. Volaba tranquilo hacia la luz cuando el dorso de mi mano le golpeó contra el cristal. Tres veces, hasta asegurarme de que quedaba bien espachurrado. Un repetitivo gesto reflejo que por una vez tuvo éxito en su propósito, a pesar de que la pantalla del portátil se empeñaba en irse hacia atrás, dificultando las cosas. Visto y no visto, una picadura menos en mi piel, una mancha en la pantalla. No es habitual, pues cada día amanece con la victoria abultada del insecto.
Lo he limpiado, pero ahí sigue la marca. Y es que todo deja huella. Hasta un simple mosquito despistado.
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Pobre mosquito.
DEP